Por Juan Carlos Méndez Ramírez
En el circo legislativo de Baja California Sur, hay quienes arrastran el lápiz para proponer soluciones reales y quienes prefieren arrastrarse para agradar a sus jefes políticos. Actuando una vez más como la incondicional «cargamaletas» de Milena Quiroga —y recitando la misma demagogia barata de siempre—, la diputada Guadalupe «La Lupe» Vázquez Jacinto vuelve a exhibir su insaciable sed de protagonismo intentando colgarse del trabajo de otros. Pero la realidad es terca y pone a cada quien en su lugar: mientras ella ofrece puros discursos vacíos, el diputado Christian Fabrizio del Castillo Miranda acaba de anotarse un verdadero triunfo a favor de la ciudadanía con la reforma a la Ley de Derechos y Productos del Estado.
Hay que darle a César lo que es del César, y todo el crédito en esta ocasión es absoluta y enteramente para el legislador Del Castillo, quien fue el iniciador y logró la aprobación para ampliar los plazos de expedición de las licencias de manejo en la entidad. Gracias a su visión, las y los sudcalifornianos ya no tendrán que vivir el calvario burocrático de cada año, pues ahora podrán elegir vigencias de 1, 3 o hasta 6 años de acuerdo con sus propias necesidades económicas y personales.
Esta es una medida que verdaderamente entiende la economía popular y la realidad de la gente. Al reducir gastos, filas interminables y la pérdida de tiempo en ventanillas saturadas, Del Castillo entrega un beneficio invaluable, especialmente para aquellos ciudadanos que viven en poblaciones alejadas donde ni siquiera existen los módulos necesarios para hacer el trámite. Además, el legislador demostró que se puede legislar con sensatez, asegurando que esta ampliación de vigencia fomentará la regularización de los conductores sin comprometer de ninguna manera los mecanismos de control y seguridad vial. Esto sí es trabajar por el pueblo.
En contraste, resulta penoso y hasta cómico observar a Guadalupe Vázquez, la reina del oportunismo, intentando figurar frente a los verdaderos logros ajenos. Como la mentirosa y porrista oficial que ya nos demostró ser durante la vergonzosa aprobación de la armonización del «Plan B», donde simplemente se dedicó a recitar guiones para justificar un atropello legislativo. En aquella ocasión, con una sarta de ilusiones, aseguró que mutilar financieramente a los órganos electorales serviría como arte de magia para «canalizar recursos hacia programas sociales, educación, salud e infraestructura».
Hoy, la farsa se le cae a pedazos. Mientras Fabrizio del Castillo —quien en su momento tuvo el valor de argumentar en contra del revanchismo político y las irregularidades del «Plan B»— entrega hoy resultados tangibles, eficientes y accesibles para la economía de la población, «La Lupe» sigue sumergida en la nube de la simulación. Es una oportunista nata que busca hacer caravana con sombrero ajeno, incapaz de presentar iniciativas viables y dedicada únicamente a ser un eco de las ocurrencias del régimen.

La diferencia en el Congreso es abismal. De un lado tenemos la congruencia y el trabajo útil de Fabrizio del Castillo; del otro, el ridículo permanente de Guadalupe Vázquez, cuyo único talento es recitar demagogia y obedecer ciegamente. La ciudadanía merece legisladores de altura, no porristas de utilería.





Deja un comentario