Por Juan Carlos Méndez Ramírez

En el corazón de La Paz, la verdadera política se hace escuchando, sintiendo y cuidando a la gente. La diputada Karina Olivas ha demostrado ser esa líder cercana, humana y capaz que nuestra comunidad tanto necesita. Con gran sensibilidad, su trabajo no se queda en el papel de los escritorios, sino que toca y protege la vida diaria de nuestras familias, proyectando con fuerza la visión protectora de la presidenta municipal que La Paz merece.

Pensemos, por ejemplo, en los fines de semana familiares en las canchas de nuestras colonias. Karina sabe que el deporte es fundamental para la salud, pero también es consciente de los riesgos que este conlleva. Ante la dura realidad de que es imposible tener una ambulancia disponible en cada encuentro deportivo, ella impulsó una solución inteligente, solidaria y que no afecta el presupuesto público. Gracias a su visión y capacidad de dar resultados, hoy es una realidad que los equipos deportivos en el estado deberán contar con al menos dos integrantes capacitados en primeros auxilios. Esta medida asegura que, en cualquier cancha amateur o comunitaria, habrá alguien listo para actuar en esos primeros minutos que son clave para salvar una vida. Es una muestra clara de cómo, con sentido común y empatía, se le puede dar una inmensa tranquilidad a todas las familias.

Pero su entrega por el bienestar de la gente va mucho más allá, abrazando con valentía la seguridad y la paz mental de los sectores más vulnerables. Conectando con el dolor y el miedo que sufren muchas mujeres, Karina propuso la «Ley Valeria», una iniciativa histórica para castigar el delito de acecho en el Código Penal con penas de uno a cuatro años de prisión. Ella entiende perfectamente que vivir con miedo no es vivir. Con palabras que tocan el alma, ella misma lo dejó claro para que todos lo entendiéramos: «que ninguna mujer vuelva a escuchar pasos detrás y pensar que la ley no la acompaña».

Con esta ley, Karina busca detener a los acosadores antes de que lleguen a la agresión física, lo cual es un paso fundamental para prevenir tragedias como el feminicidio. Además, pensó en todos, proponiendo castigos más severos cuando las víctimas sean menores de edad, adultos mayores o personas en situación de vulnerabilidad.

Karina Olivas es el ejemplo vivo de que se puede gobernar con el corazón en la mano y con la firmeza necesaria para dar resultados reales. Nos motiva profundamente porque nos demuestra que el poder solo tiene sentido cuando se usa para cuidar del otro. Con acciones concretas que salvan las vidas de nuestros deportistas y devuelven la tranquilidad a nuestras mujeres en las calles, nos confirma que está lista. Su humanismo, su cercanía inquebrantable y su compromiso total son el motor de esperanza que La Paz necesita para florecer hacia un futuro más humano y seguro.

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