Por Juan Carlos Méndez Ramírez
El Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Baja California Sur está demostrando que la verdadera fuerza democrática nace desde los cimientos y el territorio. Bajo el liderazgo firme de la presidenta del Comité Directivo Estatal, Roxana Higuera Espinoza, el partido ha comenzado a trazar una ruta clara, inteligente y estratégica de cara al proceso electoral 2026-2027.
Las reuniones de trabajo con dirigencias municipales, sectores, organizaciones y expresidentes marcan un punto de inflexión. Lejos de ser actos puramente protocolarios, se han convertido en auténticos ejercicios de balance, definición y compromiso político. El PRI ya entendió que para mirar hacia el futuro primero debe consolidarse desde su interior, reactivando el trabajo cercano con su militancia y fortaleciendo la coordinación con los comités municipales.
La visión de la dirigencia estatal es tan realista como contundente: “Donde no hay organización, no hay fuerza política. Y donde no hay estructura, no hay futuro electoral”. Esta máxima es hoy el motor del priismo sudcaliforniano. Al reportar avances significativos en capacitación, organización interna y presencia pública, el partido demuestra que no está cruzado de brazos, sino reconstruyendo su maquinaria para asegurar una competitividad real.
Frente a los retos venideros, resulta esperanzador ver a un instituto político que hace un llamado a la unidad y al cierre de filas, advirtiendo sabiamente que buscar rutas ajenas solo debilita a la institución entera. El PRI sabe que su mayor riqueza está en su gente: cuenta con cuadros experimentados, liderazgos probados y un profundo arraigo territorial que deben ser el centro de cualquier proyecto futuro. La puesta en marcha de programas de movilización como «Defensores de México» subraya esta convicción de organizar a las bases para defender no solo al partido, sino al país mismo.
El PRI de Baja California Sur se está preparando para actuar con estrategia y apertura, pero sin renunciar jamás a su identidad. Existe una convicción palpable de que el partido tiene con qué competir y de que está destinado a ser un protagonista central en la próxima elección. Con unidad, lealtad y el trabajo incansable de su militancia, el tricolor demuestra que está a la altura de los retos actuales; como bien lo ha sentenciado su dirigencia: de esa lealtad y esfuerzo conjunto depende el triunfo. El PRI se fortalece desde adentro, y ese es el primer gran paso hacia la victoria.





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