¡¡Sin periodismo no hay democracia…Ya Basta!!

Por Juan Carlos Méndez Ramírez

“periodismo es libre o es una farsa”

Rodolfo Walsh

La palabra Periodista es infinita de significado porque a veces representa la esperanza de Justicia. En otras, el mismo término suele ser motivo de anhelo y cobijo para la gente del pueblo que no discierne las limitaciones de su alcance.


Las más de las veces encierra una terrible incomprensión, debido a que un periodista simplemente es aquel que a veces injuriado, golpeado, escarnecido, rechazado o amenazado, deambula con un celular, una libreta, una grabadora, a veces una pequeña cámara y la necesidad imperiosa de sacar alguna nota que sea trascendental para su medio y desde allí para sus lectores y de ellos hasta la historia de todos los pueblos.

Y en esa incomprensión a veces con alcohol mata el miedo, la amenaza y la crítica; para convertirse en un jugador que, apuesta la SEGURIDAD a cambio de SER en la existencia humana, con una nota sobre la violación a las Leyes.

Vive la prensa un momento estelar en nuestros días. Tanto a nivel nacional como a nivel local, donde se percibe un replanteamiento en la actividad que llevará a muchos medios tradicionales a desaparecer. Otros se modernizarán, pero lo más interesante es que viene una nueva oleada de jóvenes, nóveles periodistas que el sistema intentará moldearlos a su favor.

Esto no es exclusivo de Baja California Sur, sino que es un fenómeno mundial donde los países tradicionalmente represores de la libertad de expresión se han reconfigurado en sus formas para evitarla y homogenizar el panorama de la opinión pública a conveniencia. Esto ya lo sabemos por lo que ocurre en Rusia, Venezuela, China, Corea del Norte, Nicaragua y los retos que enfrentan los organismos civiles de Cuba que, desde el surgimiento del Movimiento San Isidro, conformado por artistas y personajes de la cultura isleña, son ahora encarcelados y condenados a mínimo 4 años de prisión, donde serán sometidos a los procesos de reeducación que acostumbra esa tiranía.

En general para cualquier estado, la actividad de las disidencias es muy incómoda, por eso la tendencia es ampliar la influencia gubernamental sobre los gobernados para cercar a la opinión pública a través de diferentes mecanismos que las constituciones lo permitan pero, como se ha visto a últimas fechas, se han tenido que aplicar casos de excepción para aumentar el grado de represión contra los que piensan diferente o bien, que representan un peligro para conservar el estatus quo que más convenga al tirano.

La intolerancia siempre ha existido, sobre todo en las dictaduras declaradas y reconocidas como tal por su forma de gobierno. Son estas influencias malignas las que se ciernen como una amenaza permanente a las libertades y por eso las conocidas como agrupaciones de la sociedad civil organizada, siempre serán incómodas para él o la que se ostente como único propietario de la voz suprema, la voz de mando.

Desde hace muchos años se vivieron en nuestra capital sudcaliforniana los primeros actos notorios de represión contra un medio de comunicación como lo fue el “Eco de California”, que durante los tiempos del Gobernador Manuel Esquerro fue atacado por forajidos que a golpes de marro le destruyeron la imprenta en 1929. La causa: criticar obras de ornato en el malecón de La Paz.

Hubo otros atentados contra la prensa sudcaliforniana que narra el periodista y escritor sudcaliforniano Cuauhtémoc Morgan en su libro «Un Siglo de Periodismo», que cita la destrucción de las instalaciones del periódico «El Regional» de Santa Rosalía, en medio de las pugnas entre la empresa francesa El Boleo que explotaba el mineral de cobre y el sindicato.

No se pasa por alto la época tensa, del despertar cívico local, a través del Frente de Unificación Sudcaliforniana que mantuvo muy inquietos a los mandatarios locales, por lo regular miembros del ejército, pues el sentimiento regional fue orientado al reclamo de tener un gobernador nativo y con arraigo, en rechazo a las imposiciones de la Ciudad de México que hacía designaciones de escritorio en este -entonces- territorio federal.

Y ahí viene otra represión como la sufrida por el periodista Rogelio Félix por militares que lo arrojaron en una fosa séptica en 1963. La causa: las críticas que hizo en su periódico «La Chispa». Lo mismo casi le ocurre al gran Onésimo Estrada, de «La Voz Del Sur», al que mantuvieron a raya bajo amenazas.

Pero cuando un pueblo anhela un cambio y persiste en su deseo, éste llega y la amarga época de represión a los líderes sociales tuvo su punto de inflexión en el Movimiento Loreto 70, donde se fincan las bases de lo que sería el nuevo estado libre y soberano de Baja California Sur. ¡Un triunfo limpio de la democracia!

La constitución del naciente estado, abriga vetas de democracia muy interesantes en defensa de la libertad de expresión, como fortalecimiento en extensión a los artículos 6to y 7mo de la Constitución Federal.

En este análisis no quisiera mencionar los nombres de muchos periodistas y líderes sociales que contribuyeron sobremanera a los cambios democráticos de Baja California Sur. Hay ejemplos muy destacables, dentro del mismo PRI homogéneo e institucional, como en los partidos y organizaciones de oposición, que han participado activamente en dar forma a la geografía y composición política de nuestra media península como la creación de nuevos municipios y las luchas reivindicatorias de agricultores y poseedores de tierras ancestrales.

Pero, así como el Coromuel, comienzan a soplar vientos de cambio y el partido homogéneo comienza a tener disidencias. Ya no estaban dispuestos a seguir un pensamiento único. Colla en el horizonte.

A pesar de amenazas, empujones, gritos, jaloneos y ofensas, hay modificaciones en la geografía política sudcaliforniana en 1993, cuando Acción Nacional se queda con tres municipios, mayoría en el Congreso y a escasos milímetros de obtener la gubernatura.

Se trataba del resultado de la rebelión social más importante en Baja California Sur desde la época del FUS. Eran cambios democráticos que se adelantaron y que se consolidaron en 1999, cuando el tricolor es desplazado de gubernatura, alcaldías y diputaciones por la voluntad mayoritaria. Si hay algo que debo destacar, es que estos cambios a pesar de su notoriedad se dieron en paz. Se trataba del inicio de una época de la alternancia, donde los mecanismos de selección de representantes se fueron perfeccionando y los esquemas de libertad de expresión con una notoria mejora.

Con todo ese antecedente de luchas, marchas, manifestaciones, represiones, llegamos a nuestros días donde la libre expresión a partir de 2014 de nueva cuenta es objeto de amenazas.

Ya con las redes sociales penetrando en todos los hogares, con el replanteamiento de los medios tradicionales de renovarse o desaparecer, en una dinámica donde el espectro de internet se introducía como humedad a nuestras vidas, fue el crimen organizado -los amos del narcotráfico- el que trató de imponer su hegemonía.

Algo novedoso, pues se trató de otro poder que de repente irrumpió con toda su fuerza al generarse un desacuerdo entre los líderes de la mafia que dirimieron sus diferencias a balazos dejando en medio a los medios de comunicación que tuvieron que adaptarse a esa nueva realidad.

De nueva cuenta las amenazas, los amagos, las presiones contra directivos y reporteros de los medios de comunicación que tuvieron su punto más hiriente, con el asesinato de Maximino Rodríguez Palacios en abril de 2017 en un centro comercial y a plena luz del día en La Paz, donde casi también pierde la vida su señora esposa Raquel Romo.

De ahí derivaron atentados en Cabo San Lucas contra el periodista Julio Omar Gómez, al que le quemaron su vivienda y le asesinaron un guardia de seguridad que le había asignado el Mecanismo de Protección de Periodistas.

Y no pasar por alto el asesinato de Silvestre de la Toba siete meses después, en lo que significó la más dura afrenta del crimen organizado contra la sociedad civil, pues se trató del presidente de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos en Baja California Sur y el primer Ombudsman asesinado en la Historia de México.

No olvido que dirigentes de organizaciones de reporteros sostuvimos varios encuentros, todos para replantear la cobertura de sucesos que bañaron de sangre calles de Los Cabos, La Paz y Ciudad Constitución.

Fue el más abierto desafío que tuvieron que enfrentar los medios de comunicación locales y la vulneración más profunda al marco jurídico local que puso en jaque a los sistemas de justicia y de prevención de delitos… Todo cambió.

Los reporteros locales modificaron sus métodos de cobertura y aun así se suscitó otro asesinato en el Norte de la entidad que fue el caso de Rafael Morúa director de Radio Kashana FM, ultimado a balazos el 20 de enero de 2019. Otros, prefirieron mejor orientar su esfuerzo informativo a otros temas y uno más tuvo que exiliarse en la ciudad de México como fue el caso de Julio Omar Gómez, miembro de la organización Medios Digitales del Pacífico que me honro en presidir.

Y conforme hubo la alternancia en el poder, hubo políticos ambiciosos y rapaces que se quisieron aprovechar del estado vulnerable en que se encontraban los reporteros de los medios de comunicación y, como personajes de corta visión dejaron surgir su odio por la democracia que los llevó al poder y ocupar sus puestos para delinear con pinceladas de tiranía sus acciones de gobierno.

Se trataba de la llegada de la Cuarta Transformación a los cargos públicos por primera vez, donde se tiene un resurgimiento en los ataques directos contra periodistas y cito casos específicos como el de Martín Valtierra García, que fue atacado y brutalmente golpeado con un bat al llegar a su domicilio la noche del 30 de enero de 2019 en Ciudad Constitución.

En la memoria colectiva de repente surgieron las sospechas de que ese ataque cobarde pudo tener su origen dadas las críticas del valiente reportero al nuevo gobierno en el Municipio de Comondú de Walter Valenzuela. No estaban equivocados.

Este mismo personaje, envalentonado y ebrio de poder, no dudó en amenazar en forma pública a Erick León, director del medio “Noticias La Paz”, quien desde noviembre de 2018 ya había adelantado que demandaría penalmente a los periodistas que osaran criticarlo. Pero prefirió la vía violenta.

Ambos casos de inmediato llamaron la atención de la organización Artículo 19 de defensa de la Libertad de Expresión y se encaminaron denuncias penales contra el representante de la 4T en Comondú.

Pero estos ataques contra la libertad de expresión derivados en la alternancia no solamente se incrementaron en Baja California Sur, sino que se han desarrollado de manera exponencial en otras partes de la república donde los gobiernos de la Cuarta Transformación lograron triunfos y que hoy dan como resultado la cifra negra de 34 periodistas que pierden la vida con relación a su profesión, 11 de ellos en lo que va de este 2022.

Y es que el mismo sicariato que actúa como línea de frente en las bandas del crimen organizado, también se pone a defender el interés de los gobernantes en turno que los han favorecido con protección e impunidad.

Se trata de un «leviatán» que intenta otra vez afectar los valores democráticos, para montarnos en un anacronismo donde la voz del político al mando es la única con validez. Los ataques contra la prensa local no han cesado, el periodista Diego Soto fue amenazado por el entonces diputado Ramiro Ruíz Flores a nombre de la 4T, al igual que a un servidor.

No se debe de perder de vista que, en este nuevo ciclo de la política, de acuerdo con la tendencia actual, hay personajes que gustan echarle la culpa al pasado de todos los males del presente y la única forma de solucionarlos, es atacar a las instituciones democráticas, atacar a los líderes sociales, reprimir a las organizaciones civiles y desde luego… ¡hacer a un lado a los periodistas incómodos!

Es la nueva moda entre los políticos. Tal parece que la frase del dirigente del PRI, Alejandro Moreno quien dijo: «Ahora a los periodistas no hay que matarlos a balazos… Hay que matarlos de hambre», será la que marcará la directriz de la nueva política que, de no frenarlos, van a pulverizar las conquistas de libertad que mucha sangre ha costado a nuestro sufrido pueblo mexicano.

Vivimos una etapa de cambio, donde la vida de un periodista cada vez vale menos, donde el poder y el dinero adquieren mucho valor como nunca, donde el colocar en cargos públicos a personajes que odian la crítica, que son enemigos de la libertad de expresión, que sienten repulsión por quienes piensan diferente, nos va a llevar a una nueva etapa oscurantista, que no tarda en hacer una quema de libros para que el tirano decida lo que sí se puede conocer y lo que habrá de ser ocultado.

Atrás de una risa falsa, de un apoyo solidario, de un discurso con carga sentimental excesiva, se esconde un tirano, un fariseo que lo más pronto posible, va a preparar un cadalso con una horca, para aniquilar por siempre la libertad de expresión.

Los libros que hablan de técnicas para el manejo de la información no hablan de los riesgos de los periodistas, quizá se atreven a dar algunas ideas sobre la ética, pero en la lóbrega vicisitud del ejercicio no se parlamenta de los sufrimientos y mucho menos nos expresan un mínimo concepto sobre el SEUDOPERIODISTA que hace las veces de la hetaira ya para halagar o sí para vender que es un verbo fácil de conjugar y entendible para ubicar.

La prensa debe ser examen y la censura, nunca el odio ni la ira que no dejan espacio a la libre emisión de las ideas. Nunca se acepta lo que viene en forma de imposición injuriosa; se acepta lo que viene en forma de razonado consejo, porque solo quien sabe de periodismo y de lo costoso del desinterés de esta ardua vocación, puede estimar de verdad la energía, la tenacidad, los sacrificios, la prudencia, y la fuerza de carácter que revela el ejercicio de un hombre que empuña la pluma de manera honrada y libre.

Por eso un texto de Camilo Torres citado por Germán Arciniegas, es elocuente “en América la imprenta fue la Ilustración” fue seguramente lo que inspiró al distinguido editor e investigador Gerardo Zuñiga Pacheco en su actual medio “MetropoliMx” a fijar una postura clara y sin titubeos a favor de la libre expresión, cuando desde el gobierno se embiste desde hace décadas “favores y bondad” a casas editoras para no hacer “ruidos” con la desastrosa gestión cuando entra en la debacle de la impunidad.

De todas formas el ejercicio de la crítica periodística como libertad de prensa necesita de flexibilidad, porque si no tendrían actualmente que cerrarse todas las publicaciones y encarcelar a todos los periodistas y caricaturistas -como actualmente se pretende con el Director del portal “tres seis cinco MX BCS” Diego Soto, por sus investigaciones sobre la impunidad y la corrupción- para proteger los “derechos de personalidad” de funcionarios públicos y partidistas, que ocultan su ineficacia detrás de los derechos de personalidad; sin la prensa, entonces la sociedad sudcaliforniana reviviría el modelo de sociedad de los tiempos de Antonio López de Santa Anna que en el fondo sueña Andrés Manuel López Obrador en cada una de sus mañaneras.

La prensa no puede ser, en estos tiempos de creación, mero vehículo de noticias, ni mera sierva de intereses, ni mero desahogo de la exuberante y hojosa imaginación. La prensa es Vinci y Ángelo, creadora del nuevo templo magno e invisible, del que es el hombre puro y trabajador el bravo sacerdote o pastor. Aquí hierven, junto con los modernos problemas humanos, los problemas concretos de Sudcalifornia, y ambiciones que alarman y grandezas reales que deslumbran.

No se trata de otorgarle a los periodistas una patente de impunidad, se trata de un derecho como el que hoy tienen también los notarios, los abogados e incluso los ministros de culto en muchos estados, para reservarse la información. Pero en el caso de los periodistas, se trata de reservar la fuente para que florezca la información; para incentivar a que se ejerza la libertad de expresión, con responsabilidad, en el entendido de que el periodismo no está llamado a resolver las crisis… está llamado a decirlas y si nos callan, callan el derecho de los pueblos a saber, porque sin periodistas no hay periodismo; y sin periodismo NO HAY DEMOCRACIA.

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