HOMO CHOYERUS

Por Nativus Pericuúm

Como bien reza el viejo adagio político que recientemente recordó el analista Ángel Mora en su columna: “En política nada es casualidad”. Hoy, el escenario electoral en Baja California Sur ha dejado las especulaciones atrás para mostrarnos una realidad inocultable. Milena Quiroga Romero ya no figura como una aspirante más dentro de Morena; hoy se erige como la única figura capaz de conjuntar los tres elementos que definen una candidatura verdaderamente competitiva e invencible: una clara ventaja interna, una fuerza demoledora frente a la oposición y el respaldo absoluto del partido gobernante.

Los números son fríos y no mienten. De acuerdo con la reciente medición de Electoralia, publicada el 25 de abril de 2026, Milena lidera la contienda interna de Morena con un contundente 33% de las preferencias, dejando rezagados a Christian Agúndez (24%) y a Manuel Cota (19%). Pero su verdadero peso político se revela cuando se le mide en un escenario general por la gubernatura: ahí, la alcaldesa de La Paz eleva su intención de voto hasta un aplastante 40%, minimizando a la panista Guadalupe Saldaña (27%) y a Ricardo Barroso (8%).

Esta ventaja evidencia un fenómeno muy particular: Milena no depende únicamente del peso de la marca Morena —que de por sí ya lidera las preferencias con un 41% frente al 28% del PAN—, sino que su propio perfil amplía el margen de victoria. Esta superioridad estadística no cayó del cielo; es el resultado de haber construido una sólida narrativa de gobierno basada en resolver los temas que realmente le importan a la ciudadanía, como el agua, la seguridad, los servicios, la transparencia y la modernización. Hoy, el proyecto de Milena es una ruta de gobierno medible, defendible y altamente vendible rumbo al 2027. Ya dejó de pedir permiso para entrar a la contienda; ahora, con su trabajo, está obligando al resto de los competidores a intentar alcanzarla.

A esta superioridad en las encuestas hay que sumarle el impecable ajedrez político que se teje a su alrededor: A Milena se le están «alineando las estrellas». El encuentro estratégico que sostuvo el pasado 15 de abril con Ariadna Montiel —recien estrenada dirigente nacional de Morena— no fue un simple saludo institucional, fue un clarísimo mensaje político. Que la futura líder del partido exprese públicamente que “en La Paz se gobierna y se gobierna bien”, nos deja una pregunta en el aire cuya respuesta parece obvia: ¿Milena ya fue recibida en la capital del país en calidad de candidata?

Todo indica que en las altas esferas de la Cuarta Transformación la decisión está tomada. Milena ha logrado tejer una red de apoyos del más alto nivel que nadie más tiene: cuenta con las públicas simpatías de la presidenta Claudia Sheinbaum, ha sostenido encuentros clave con secretarios de Estado como Omar García Harfuch, y presume cercanía con Citlalli Hernández, la encargada de las alianzas. A nivel local, suma el respaldo de operadores clave como la “Profe Paty”, la simpatía del gobernador Víctor Castro, y tiene alineada tanto a la burocracia estatal y federal como a la estructura territorial de Morena (los «Cots»).

Por si fuera poco, para «cerrar el círculo» perfecto, su inminente consolidación y alianza política en Los Cabos terminará por sellar su dominio en todo el estado.

La lectura final de este excelso posicionamiento es evidente. Mientras sus rivales internos centran su discurso en quejas de «no imposición», revelando su desesperación y debilidad, Milena Quiroga avanza con paso firme. Entre encuestas que la colocan con una ventaja inalcanzable y un respaldo institucional que va desde el Palacio Nacional hasta las colonias más populares, la gran «cargada» es absoluta. El 2027 ya tiene nombre, apellido y proyecto de gobierno.

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