Por Juan Carlos Méndez Ramírez

En la reciente sesión ordinaria del Congreso del Estado de Baja California Sur, fuimos testigos de la aprobación de un dictamen fundamental para exhortar a la SEMARNAT a negar las autorizaciones a los proyectos “El Arco” y “Santuario del Tío Checo”. Aunque el objetivo central era garantizar la protección del agua, los ecosistemas y las áreas naturales protegidas frente al altísimo consumo hídrico que estos proyectos mineros implicarían, el debate en el pleno sirvió como el escenario perfecto para dejar en evidencia quiénes son los verdaderos defensores del pueblo y quiénes solo buscan reflectores.

Por un lado, es indispensable darle todo el crédito a legisladores verdaderamente visionarios como Lupita Saldaña y Fabrizio del Castillo Miranda. Ellos sí son representantes que ponen al pueblo y su defensa como máxima prioridad. La diputada Saldaña demostró una enorme altura política al posicionarse firmemente en contra de proyectos que ponen en riesgo nuestro capital natural, celebrando la unidad por encima de cualquier diferencia ideológica. Por su parte, el diputado Del Castillo Miranda dejó una lección de madurez al subrayar que ante las amenazas a nuestro estado «no hay colores» partidistas, recordando y elogiando además la obra hidráulica del exgobernador visionario Alberto Andrés Alvarado Arámburo. ¡Estos son los representantes comprometidos que nuestra tierra necesita!

En un contraste lamentable, tenemos el oportunismo rampante de Teresita de Jesús Valentín Vázquez. Como ya es su costumbre, subió a la tribuna únicamente a jalar agua para su molino. Si bien su discurso se centró en la escasez de agua que enfrentan las comunidades de Mulegé y advirtió que no se deben priorizar los intereses económicos sobre el derecho humano al agua, no nos engañemos: detrás de esa fachada se esconde una ambición desmedida. A la diputada le urge convertirse en la próxima presidenta municipal del Ayuntamiento de Mulegé. En el fondo, estamos ante una vividora rapaz; una figura política agarrada y muy mezquina que nunca mueve un dedo para ayudar a nadie de manera genuina, y que solo utiliza la tribuna como trampolín para su campaña personal.


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