Por Juan Carlos Méndez Ramírez

Es fácil pararse frente a una tribuna a señalar problemas históricos como si hubieran nacido ayer, pero es aún más evidente cuando esas acciones no son más que un burdo intento de protagonismo. Recientemente, la diputada morenista María Cristina Contreras Rebollo presentó un exhorto dirigido al Ayuntamiento de Los Cabos, exigiendo de manera alarmista estrategias de recolección de basura y programas permanentes de descacharrización. Según su discurso, la acumulación de residuos en vialidades y lotes baldíos ha superado drásticamente la capacidad operativa del municipio. Sin embargo, detrás de esta supuesta preocupación ambiental, se esconde una clara y lamentable intención: golpear la imagen y el buen trabajo del presidente municipal de Los Cabos, el Arquitecto Christian Agúndez Gómez.

Mientras la diputada Contreras utiliza el Congreso del Estado para montar un espectáculo mediático quejándose de un supuesto rezago, omite convenientemente que el verdadero saneamiento en Los Cabos ya está en marcha. El alcalde Agúndez Gómez ha sido enfático y valiente al atacar la corrupción que por años se añejó en las dependencias y direcciones del ayuntamiento. Él sí está «limpiando la casa», despidiendo a funcionarios corruptos y adelgazando abultadas nóminas para eficientar los recursos económicos. Un ejemplo irrefutable de esta buena administración se demostró en las pasadas fiestas tradicionales de San José del Cabo, donde quedó claro que sin los vicios del pasado, los recursos rinden para el pueblo. Pero a la diputada Contreras parece molestarle este éxito y prefiere enfocar sus baterías en lanzar ataques disfrazados de «riesgo ambiental».

El afán protagónico y la visión sesgada de Contreras Rebollo quedaron en ridículo durante la misma sesión legislativa, pues su propuesta original era tan limitada y dirigida que otros diputados tuvieron que intervenir para darle un verdadero sentido de Estado. La diputada Alondra Torres García tuvo que recordarle que hay demandas igual de importantes a las que dar respuesta, como la falta de agua. Asimismo, el diputado Fabrizio del Castillo exhibió que la acumulación de chatarra no es un tema exclusivo para golpear a Los Cabos, por lo que propuso ampliar el exhorto para incluir a los municipios de Loreto y Mulegé. Por si fuera poco, la diputada Lupita Saldaña tuvo que plantear la necesidad de exigir rendición de cuentas sobre los recursos destinados al saneamiento, algo que a Contreras ni siquiera se le ocurrió incluir en su afán de figurar.

¿Por qué la diputada se enfocó únicamente en cuestionar la «capacidad operativa» del actual gobierno municipal de Los Cabos? La respuesta es evidente: su objetivo no es limpiar las calles, sino intentar ensuciar el proyecto de orden y anticorrupción que lidera Christian Agúndez. La ciudadanía de Los Cabos es inteligente y sabe distinguir perfectamente entre un alcalde que trabaja con hechos para desterrar a los malos funcionarios, y una legisladora que solo busca los reflectores lanzando «basura política» desde la comodidad del Congreso.

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