Por Juan Carlos Méndez Ramírez
La diputada Guadalupe Vázquez Jacinto (MORENA) ha decidido montar su mejor obra de teatro legislativo: subirse a la tribuna para erigirse como la gran paladina de la justicia, proponiendo reformas al Código Penal de Baja California Sur para castigar la corrupción con hasta 20 años de prisión y el decomiso de bienes. ¡Qué conmovedor discurso! Lástima que su guion esté lleno de demagogia y lagunas que la pintan de cuerpo entero como una legisladora de doble cara.
Resulta verdaderamente fascinante que la diputada hable de «cerrar espacios a la impunidad» y de endurecer penas por cohecho, peculado y enriquecimiento ilícito, cuando su propia productividad legislativa brilla por su ausencia y su único talento parece ser dejar muy mal parado a su partido. Desesperada por seguir pegada a la ubre del erario público, Vázquez Jacinto ahora tiene el desparpajo de ambicionar la candidatura de MORENA a la presidencia municipal de La Paz. ¿El pequeño inconveniente? Las mediciones demoscópicas no le otorgan ni un mísero 4 por ciento de aprobación ciudadana. Quizás necesite bajarse de su nube, dejar su papel de «queda bien» y carga maletas de Milena Quiroga, y empezar a responder a los electores que dejó en el abandono.
Con su característica inmadurez y sed de protagonismo, la legisladora propone sanciones «severas y ejemplares» como la inhabilitación para ejercer funciones públicas y multas económicas para quienes oculten el origen de recursos. Qué ironía que esta misma legisladora guarde un silencio sepulcral, como siempre, ante los evidentes actos de corrupción de los funcionarios públicos de su propio partido. Antes de intentar «eliminar privilegios» ajenos, haría bien en empezar por transparentar los recursos que ella misma se arrima a la bolsa. Además, con sus ocurrencias busca sorprender a incautos proponiendo normativas y sanciones que, en gran medida, ya están reguladas en la Ley, demostrando que su «iniciativa» es pura pirotecnia electoral para simular trabajo.
Pero la sátira política se cuenta sola cuando contrastamos su discurso sobre enfrentar «consecuencias proporcionales» a los delitos vinculados al servicio público con su verdadero actuar en la sombra. Resulta inaudito escucharla pedir castigos dobles por abuso de funciones cuando el año antepasado pretendió extorsionar al alcalde de Los Cabos en un encuentro secreto, a muy altas horas de la noche en Todos Santos. Ahí, en medio de la oscuridad, le propuso que si «se mochaba bien», le aprobarían el presupuesto de egresos para el ejercicio 2025. ¡Vaya forma de combatir las operaciones con recursos de procedencia ilícita!
Vengativa y alérgica a la crítica —siempre dispuesta a reprender la libertad de expresión de quien ose cuestionarla—, la diputada Vázquez Jacinto nos quiere vender la necesidad de un «marco jurídico más sólido que inhiba prácticas que dañan profundamente a la sociedad». La realidad es que la única práctica que debería inhibir es su propia hipocresía. Menos demagogia, diputada, que los ciudadanos ya no compran espejitos.






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