Por Juan Carlos Méndez Ramírez

¡Ah, la diputada Teresita Valentín Vázquez! Siempre en el lugar correcto, en el momento preciso, con la causa adecuada… para las cámaras, por supuesto. No habíamos tenido el gusto de verla tan apasionada en tribuna hasta que apareció la «terrible» crisis del calamar en el norte del Estado. ¡Qué drama! Los pobres pescadores de Santa Rosalía, con sus lanchas varadas porque los malvados intermediarios solo quieren pagarles dos miserables pesos por kilo. ¡Dos pesos! Cuando todos «saben» que en la próspera Sonora se habla de tarifas de hasta 18 pesos. ¡La diferencia es abismal! ¡La economía de Baja California Sur está en riesgo, otra vez!

Y ahí, cual paladín de los oprimidos (y con una M de MORENA muy visible), surge nuestra diputada del distrito XIV a denunciar la situación. Pide urgentemente la intervención del mismísimo titular del Poder Ejecutivo estatal a través de la Secretaría Estatal de Pesca. ¡Claro! Porque, seamos sinceros, ¿qué mejor manera de demostrar «preocupación» que pidiendo que otro resuelva el problema?

Es conmovedor ver cómo esta actividad tradicional que sustenta a muchas familias de repente se convierte en el foco de atención legislativa. Especialmente cuando, según murmuran las malas lenguas (que en política son las más informadas), esto no es más que otro escalón en la bien planeada campaña hacia su ambición desmedida de alcanzar la presidencia municipal de Mulegé. Cada micrófono es un reflector, cada tribuna un escenario, y cada problema ciudadano… una oportunidad de oro para decir «¡Mírenme, estoy trabajando!».

Mientras tanto, aquellos que intentan acercarse a pedirle ayuda con sus pequeños problemas personales, dicen las mismas malas lenguas, se encuentran con una versión mucho menos «heroica» de la diputada. Una versión que se deslinda con notable agilidad y que, aprovechando su posición, prefiere culpar a otros de lo que, convenientemente, no hace ella misma. Es la magia de la política: convertir la inacción personal en una denuncia pública contra terceros. ¡Pura alquimia legislativa!

Esta «subordinación a los intermediarios» no es nueva, como bien señaló ella misma. Y tampoco es nueva la táctica de colgarse de las necesidades de la gente para buscar protagonismo. La crisis del calamar es real para los pescadores, sí. Pero para la diputada, parece ser solo la carnada perfecta en la pesca del voto.

Así que aplaudamos a la diputada Teresita Valentín por su valiente denuncia. Por señalar que a algunos les pagan dos pesos mientras a otros les pagan dieciocho. Y sobre todo, aplaudamos su habilidad para convertir un problema serio en un capítulo más de su personal reality show político rumbo al ayuntamiento. ¡Qué generosidad la suya, usar los apuros ajenos para iluminar su propio camino! La subsistencia de las familias de Santa Rosalía es, sin duda, un excelente telón de fondo para la ambición de un político -satrapa como dijo la Comandata Calafia desde la tribuna del Senado-.

Deja un comentario

Tendencias