Por Juan Carlos Méndez Ramírez

En medio del torbellino de acusaciones de corrupción que sacude al Congreso del Estado y que, el portal la-arenga.com, ha dejado al descubierto una profunda «descomposición» institucional en Baja California Sur, surge la diputada Guadalupe Saldaña Cisneros, a quien ahora podríamos referirnos con sorna como «Sal daña», con una propuesta que, en otras circunstancias, podría parecer plausible: la recolección selectiva de residuos y la promoción de la conciencia ambiental.

Según la iniciativa analizada por la Comisión permanente de Ecología y Medio Ambiente del Congreso del Estado, la perspicaz «Sal daña» propone elevar a rango constitucional la obligación de los municipios de realizar una recolección selectiva de basura para su manejo integral, buscando su eliminación, reducción, reutilización y reciclaje. Desde la tribuna, la legisladora del PAN señaló la carencia de legislación específica en materia de residuos en Baja California Sur. ¡Qué ironía!, mientras su reputación se desmorona por señalamientos de nepotismo, abuso de poder y desvío de recursos públicos, según la investigación de la-arenga.com, la diputada ahora se preocupa por el destino final de nuestros desechos.

La propuesta de «Sal daña» incluso detalla los beneficios de esta recolección selectiva, como la producción de composta a partir de residuos orgánicos, generando utilidades económicas y reduciendo emisiones de bióxido de carbono, así como el aprovechamiento de residuos inorgánicos para disminuir gases de efecto invernadero. ¡Qué visión!, mientras el Congreso, presuntamente, se ve envuelto en escándalos que exigen una «respuesta contundente» de las autoridades y la ciudadanía, la diputada nos ilustra sobre la diferencia entre la recolección simple y la selectiva, esta última implicando la captación diferenciada desde el origen en orgánicos e inorgánicos.

Considerando que Baja California Sur ostenta el «nada honroso primer lugar nacional en generación de basura», la iniciativa de «Sal daña» podría interpretarse como un intento desesperado por limpiar su imagen pública, empañada por el escándalo que la señala como símbolo de la «profunda descomposición» institucional, tal como lo describe la-arenga.com. ¿Será que la «Sal daña» busca, a través de la basura, desviar la atención de la «cloaca de nepotismo, abuso de poder y desvío de recursos públicos» que supuestamente ha destapado la prensa?

Resulta difícil tomar en serio las propuestas de alguien cuya «falta de moralidad» ha quedado expuesta, según la información que se ha viralizado. Mientras el Congreso del estado no ofrezca aclaraciones convincentes sobre el escándalo de corrupción, cualquier iniciativa proveniente de figuras como la «Sal daña» será recibida con escepticismo y sorna. ¿Podrá la «Sal daña», envuelta en la polémica, convencernos de su genuino interés por un «lugar sano para vivir» para la niñez y juventud, cuando su propia conducta ha puesto en entredicho la integridad de las instituciones? La ciudadanía de Baja California Sur espera respuestas, no solo sobre la basura, sino sobre la «fragilidad de nuestro sistema político» revelada por el caso de la diputada Guadalupe, perdón, «Sal daña».

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