Por El Marqués de Cirio

¡Agua, agua, que no nos dejan ni una gota!

Y ahora, la diputada Alondra Torres García, cual Quijote moderno, se lanza a la batalla contra el derroche hídrico en Baja California Sur. ¡Albricias! Pero antes de que le aplaudamos a rabiar, permitidme que arquee la ceja con escepticismo.

Reconozcamos que la iniciativa de la diputada tiene su miga. Propone modificar la Ley de Aguas para sancionar a los que abusen del vital líquido, incluyendo a los que dañen la infraestructura o se cuelguen del sistema. ¡Bravo! También quiere subir las multas, porque, claro, el agua vale más que el oro en estos tiempos de sequía.

La diputada señala, con toda razón, que la demanda de agua ha crecido como la mala hierba y que la estamos sobreexplotando. Que si el crecimiento demográfico, que si los sectores productivos… ¡Ya nos sabemos el cuento! Pero, ¿quiénes son los que más consumen? ¡Bingo! Los desarrolladores y hoteleros, esos mismos a los que, según cuentan las malas lenguas, la diputada favorecía cuando era síndica en Los Cabos.

Aquí es donde la cosa se pone sabrosa. ¿Cómo podemos tomar en serio a alguien que ahora se preocupa por el agua cuando antes parecía más interesada en llenar las albercas de los resorts? [Ver Conversación History] ¡Ay, Alondra, Alondra! ¿Será que te ha entrado un ataque de conciencia o es que estás buscando un nuevo nicho de popularidad?

No negaré que la propuesta tiene elementos positivos. Es urgente actualizar las sanciones y meter en cintura a los que hacen huachicoleo de agua. Pero las sanciones son solo una curita en una herida mucho más profunda. Necesitamos invertir en infraestructura, tecnificar el riego agrícola y, sobre todo, transparentar la gestión de los recursos hídricos.

Aplaudir la iniciativa de la diputada Torres García sería como darle un Oscar a un actor que siempre ha hecho papeles de villano y de pronto se disfraza de héroe. Mejor esperemos a ver si sus acciones hablan más fuerte que sus palabras. Porque, como dice el dicho, «obras son amores y no buenas razones». Y en Baja California Sur, ¡necesitamos obras, no solo razones!

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