por Juan Carlos Méndez

La reciente visita de Geraldine Ponce, presidenta municipal de Tepic, Nayarit, a La Paz, Baja California Sur, no es simplemente un intercambio protocolario entre dos homólogas. En un contexto político donde las señales son a veces más elocuentes que las palabras, este encuentro deja entrever una convergencia de aspiraciones y sendas que bien podrían estar marcando el camino hacia un horizonte político transformador.

Milena Quiroga, nuestra dinámica presidenta municipal, ha demostrado con cada acción liderazgo y visión que resuenan más allá de las aguas del Mar de Cortés. Su capacidad para conectar con la ciudadanía y su habilidad para gestionar con eficiencia han cimentado su posición como una de las aspirantes más fuertes a gobernadora por Morena. La visita de Ponce, quien comparte con Quiroga no solo la responsabilidad de liderar una capital estatal sino también una serie de coincidencias en sus trayectorias políticas, fortalece mutuamente su liderazgo y visibilidad.

Este encuentro entre dos lideresas del mismo partido en el poder, con victorias electorales contundentes a sus espaldas, apunta a una consolidación de fuerzas y un claro respaldo hacia un proyecto común que va más allá de sus municipios. El hecho de que ambas han sido estrechas colaboradoras de Claudia Sheinbaum establece un triángulo de poder femenino que se alza con un mensaje inequívoco: las mujeres están liderando un cambio estructural en el país, y están listas para asumir roles más grandes en el panorama nacional.

La constante actividad de Milena Quiroga en nuestro estado, evidenciada en su búsqueda por mejorar las condiciones de vida de los paceños, se refresca con esta alianza. La presencia de Ponce puede interpretarse como un espaldarazo, un reconocimiento a Quiroga como la figura que podría dar continuidad y profundizar los logros del gobierno actual en Baja California Sur. La complicidad, las sonrisas compartidas y los proyectos discutidos entre ambas en esta visita no son coincidencias fortuitas, sino manifestaciones de un pacto político que se gesta con miras hacia el futuro.

Las especulaciones que ahora se escuchan en los cafés y las oficinas de los políticos no hacen más que reforzar el interés que este potencial cambio genera. En un juego político donde cada movimiento cuenta, la reunión de estas dos figuras de Morena emite un claro mensaje a Palacio Nacional: hay una nueva generación de mujeres listas para asumir liderazgo y transformar su entorno con dedicación, innovación y compromiso.

Así, mientras los rumores de candidatura se intensifican, Milena Quiroga se perfila no solo como una opción, sino como la opción más congruente y prometedora para llevar los destinos de Baja California Sur hacia un horizonte de progreso y equidad. Su trabajo y las alianzas que fortalece, en este caso con Geraldine Ponce, son testimonio de un liderazgo que se distingue y que inspira un verdadero cambio en la política local y nacional.

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