Ciudad de México.- La senadora Susana Zatarian García se presenta como una ferviente defensora de la igualdad sustantiva y los derechos de las mujeres. Recientemente, celebró las adiciones a dictámenes en materia de igualdad, que incluyen conceptos como la brecha salarial. Sin embargo, un análisis de su pasado como funcionaria pública revela una historia turbia de enriquecimiento personal y apoyo a intereses empresariales que podrían haber perjudicado al medio ambiente y a las comunidades locales.

Mientras Zatarian clama por mayor presupuesto para la Secretaría de la Mujer y fiscalías especializadas en delitos de género, su historial como síndica municipal en Los Cabos la vincula con la aprobación de proyectos inmobiliarios que beneficiaron a monopolios hoteleros y empresarios, a menudo a expensas del medio ambiente. Se la acusa de haber facilitado la desaparición del estero de San José del Cabo para la construcción de hoteles, un acto que habría generado jugosas ganancias para ella y sus allegados, pero con un alto costo para la comunidad y el ecosistema.

Esta contradicción entre su discurso actual y su pasado político genera dudas sobre la sinceridad de su compromiso con la causa de las mujeres. ¿Está realmente Zatarian interesada en proteger a las mujeres o simplemente utiliza la retórica feminista para impulsar su carrera política?

La falta de transparencia en su gestión como síndica municipal y la ausencia de explicaciones sobre su repentina riqueza alimentan las sospechas de corrupción y tráfico de influencias. La senadora Zatarian tiene la responsabilidad de aclarar estas dudas y demostrar con acciones, no solo con palabras, su compromiso con la justicia social y la igualdad.

Es crucial que los ciudadanos exijan a sus representantes congruencia entre sus discursos y sus actos. La lucha por los derechos de las mujeres no puede ser utilizada como una máscara para ocultar intereses personales o la complicidad con la destrucción del medio ambiente.

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