«Lupita Sal…daña: El Condimento que Nos Deja Sedientos de Honestidad»

En el gran teatro de la política, donde cada actor parece tener un papel muy ensayado, aparece Lupita Saldaña con un reclamo que parece más un acto de magia que una demanda de justicia. La diputada, con su conocida habilidad de señalar con la mano derecha mientras ignora amable y cuidadosamente con la izquierda, nos ofrece un espectáculo de indignación hacia la contratación de Chayanne.

Pero en el fascinante mundo de los aderezos políticos, Lupita Saldaña, esa chef maestra que, con mucha sazón, nos ofrece su último platillo en clave de denuncia: la contratación de Chayanne. Ah, pero la sal, como bien sabemos, en exceso no sólo arruina el platillo, sino que, además, deja un sabor de hipocresía que ni el más cándido de los comensales está dispuesto a pasar por alto.

Aquí tenemos a la diputada, cuchara en mano, señalando la necesidad de una rápida investigación. Pero, ¡ay!, ¿no es esta la misma que, con un guiño y una pizca de tolerancia, aliñó a tres regidores del PAN con el aire de autoridad cuando era la gran dama del partido?  

Porque mientras su voz resuena en las altas esferas, aquí abajo, en las cálidas y cómodas sillas del ayuntamiento, tres regidores del PAN -sazonados precisamente por ella en sus días de chef supremo del partido- mantienen una calma que ni el mar en plena bonanza. Parece que el gusto por el silencio ha contagiado a estos regidores, que han optado por el susurro al oído de la Contraloría Municipal, quizás esperando que su tibieza pase desapercibida.

La escena se completa con esos regidores que, envueltos en sutilezas y prudencias, se preguntan si cantar junto a Chayanne no sería más efectivo que la resistencia mudita. Total, la música suaviza las fieras, ¿no?

Ellos, esos regidores, han optado por otro tipo de arte, el de la mudez prudente y el silencio ensayado, dejando su crítica al nivel de un leve murmullo ante la Contraloría municipal. Porque, claro, nada dice «justicia» como un grito apagado entre colegas.

Y aquí estamos, contemplando esta obra maestra de la política del me-do-y-no-digo, mientras el público se pregunta si estos regidores llegarán a tomar el micrófono y acompañar a Chayanne en alguna de sus baladas, sólo para recordarnos que todavía están allí. Pero tal vez el nuevo credo es: «silencio es oro, o quizás continuar en el estrado».

Entonces, querida Lupita, quizás en tu próxima receta, consideres un poco menos de sal. Porque, tal como lo indica tu apellido, la sal daña, y nos deja a todos sedientos de una buena dosis de coherencia y verdad. Mientras tanto, como observadores, seguimos degustando esta tragicomedia político-gastronómica, esperando el día en que el menú incluya, además de espectáculo, una buena porción de honestidad.


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