Por Juan Carlos Méndez Ramírez

El Senado de la República fue testigo de un espectáculo digno de la comedia mexicana: la presentación del Paquete Económico 2025. Entre las exageradas y palmadas en la espalda, Rogelio Ramírez de la O, secretario de Hacienda, y Cuauhtémoc Ochoa Fernández, presidente de la Comisión de Hacienda, intentaron convencer a la nación de la solidez de un paquete que huele más a estancamiento que a transformación.

Fernández Noroña, con su habitual entusiasmo desmedido, calificó el manejo macroeconómico del gobierno anterior como «excepcional», alabando una «disciplina fiscal» que, en realidad, ha estrangulado la inversión pública y frenado el desarrollo. Ramírez de la O, con la monotonía de un disco rayado, repitió las mismas frases de siempre: «estabilidad macroeconómica», «finanzas públicas sanas», «economía nacional sólida». Un discurso vacío que busca ocultar la realidad: un crecimiento económico raquítico que apenas rozará el 3% en 2025, insuficiente para las necesidades del país.

El secretario se ufana de un supuesto compromiso con la justicia social, pero los hechos hablan por sí solos: los programas sociales, aunque necesarios, no son suficientes para sacar a millones de mexicanos de la pobreza. La inversión en infraestructura, clave para el desarrollo, se limita a proyectos faraónicos que benefician a unos cuantos.

Y qué decir de la Ley de Ingresos. Un refrito de los mismos supuestos responsables y la promesa de una eficiencia fiscal que nunca llega. El SAT, convertido en un ente recaudatorio voraz, seguirá exprimiendo a los contribuyentes cautivos, mientras las grandes fortunas se pasean impunemente por los paraísos fiscales.

Ochoa Fernández, en un alarde de servilismo, felicitó a Ramírez de la O por su ratificación, como si se tratara de un premio a la mediocridad. Habló de «austeridad republicana», un término que suena bonito en el discurso pero que en la práctica se traduce en recortes a los servicios públicos esenciales.

En resumen, el Paquete Económico 2025 es una decepción. Un conjunto de medidas timoratas e ineficaces que solo sirven para perpetuar el status quo. Un insulto a la inteligencia de los mexicanos que exigen un cambio real, un cambio que este gobierno parece incapaz de ofrecer.

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